26 de diciembre de 2009


Odio la Navidad. Me resulta extrañamente insoportable. Pero siempre ha sido así. En una semana he pasado por un amotinamiento en Barajas, cancelación de vuelo por temporal, Madrid nevado y autobús destino a mi hogar por fin, de una puta vez, dulce hogar. También he estado en plena Puerta del Sol a día 21 de diciembre a las 12 de la noche intentando conseguir un décimo de lotería, policías agresivos, rumanos, y una reportera cachonda de televisión siempre están presentes en estos emotivos momentos. Cena de navidad, como no, con la gente de clase, en donde siempre hay alguien que claramente se decanta como el verdadero líder espiritual del grupo, en este caso, un republicano con tendencias bisexuales. Muy divertido. Hice dos empanadas. Nochebuena en familia, mi madre en la cocina, mi padre por todos lados...lo de siempre. Mi abuela ha sabido, como siempre, dar un importante impulso a mi economía sumergida. La adoro. Por todos los impulsos. No solo los monetarios. No escuchamos el discurso del Rey, pero a quien coño le importan los discursos. Me he recontrado con una vieja amiga. Bebimos, reímos, bailamos pero no hablamos. También he tenido que dar dos pésames en dos semanas. Uno esperado, retrasado incluso, y que ha servido quizás en los últimos meses, pero ha servido, para acercar a un padre y a un hijo. Más vale tarde que nunca. El otro me vino por sorpresa. Guitarrista con soul, porque no hay otra forma de ser guitarrista. Nunca sabrás cual es tu sonido hasta que no sepas cuales son tus pastillas...no tengo nada más que decir. Excepto que odio la Navidad.

5 de diciembre de 2009

Lluviosa tarde en Eme Asterisco


En el café Eme Asterisco todas las mesas tienen un velita rodeada por vasos, tazas y botellas vacías que los camareros tardan en recoger. A través de los cristales veo pasar a la gente luchando contra el viento, blandiendo sus inservibles paraguas y pienso lo mucho que me gusta la lluvia. Veo también coches, que pasan rapidos y dejan su reflejo en el asfalto. Como fantasmas pasajeros. En la pared de al lado un conejo gigante me mira sorprendido mientras le sirve una taza de te a un extraño y pálido personaje con un gorro rojo. Mi manzanilla con anís se ha acabado. Me asomo al borde de la taza con la esperanza de encontrar un resquicio de líquido en el fondo, como si se tratara de un pozo muy profundo, pero el pozo está seco. Suena jazz y recuerdo la noche de la BigBang en Madrid. Y luego recuerdo la noche de ayer. Miro la lista de libros que se apilan en la estantería y me encuentro Mientras agonizo de Faulkner y me pongo a pensar en aquella familia del sur de Estados Unidos y en aquel hombre tallando el ataúd día y noche, día y noche. Ahora está sonando un solo de batería. Estoy segura de que al insperctor Belane le gustaría este sitio. Hay una pizarra en la que está escrita una frase que dice que el día peor empleado es aquel en el que no se ha reído. Creo que hay dias que están bastante peor empleados. Las sonrisas están sobrevaloradas. En esto pienso mientras pasa el camarero y me pregunta si quiero tomar algo más. No, le digo y le guiño un ojo al conejo gigante.La canción ha terminado. Fuera sigue lloviendo. Qué ganas tenía de volver a casa.

27 de octubre de 2009

Chinos vs escaparates


Otra vez en Madrid. Ayer empecé mi master. Ya he firmado el contrato de alquiler asique a partir de la semana que viene podré dormir sola (por fin). Por el momento Madrid no me ha dejado ver nada interesante, excepto un montón de aficionados del Atleti cabreados. Hay demasidado escaparates en esta ciudad. La gente parece moverse para no dejar de respirar. La china de la tienda de abajo me ha hecho un regalito por ser su cliente más fiel y comprar cruasancitos todos los días. Creo que lo mejor que tiene esta ciudad son los chinos. Son lo unicos que no hablan de la crisis, ni de Obama, ni de Esperanza Aguirre..