5 de diciembre de 2009

Lluviosa tarde en Eme Asterisco


En el café Eme Asterisco todas las mesas tienen un velita rodeada por vasos, tazas y botellas vacías que los camareros tardan en recoger. A través de los cristales veo pasar a la gente luchando contra el viento, blandiendo sus inservibles paraguas y pienso lo mucho que me gusta la lluvia. Veo también coches, que pasan rapidos y dejan su reflejo en el asfalto. Como fantasmas pasajeros. En la pared de al lado un conejo gigante me mira sorprendido mientras le sirve una taza de te a un extraño y pálido personaje con un gorro rojo. Mi manzanilla con anís se ha acabado. Me asomo al borde de la taza con la esperanza de encontrar un resquicio de líquido en el fondo, como si se tratara de un pozo muy profundo, pero el pozo está seco. Suena jazz y recuerdo la noche de la BigBang en Madrid. Y luego recuerdo la noche de ayer. Miro la lista de libros que se apilan en la estantería y me encuentro Mientras agonizo de Faulkner y me pongo a pensar en aquella familia del sur de Estados Unidos y en aquel hombre tallando el ataúd día y noche, día y noche. Ahora está sonando un solo de batería. Estoy segura de que al insperctor Belane le gustaría este sitio. Hay una pizarra en la que está escrita una frase que dice que el día peor empleado es aquel en el que no se ha reído. Creo que hay dias que están bastante peor empleados. Las sonrisas están sobrevaloradas. En esto pienso mientras pasa el camarero y me pregunta si quiero tomar algo más. No, le digo y le guiño un ojo al conejo gigante.La canción ha terminado. Fuera sigue lloviendo. Qué ganas tenía de volver a casa.

1 comentario:

Dafiz dijo...

bienvenida a casa..