Una semana sin salir. Lo más duro es tener que abandonar el Atlántico sin pedirme una copa y antes de que el reloj de la Catedral de las doce...como Cenicienta. Y como Cenicienta vuelve a la realidad a la llegada del baile yo regreso a mi personal vida laboral con la convicción de que he estado demasiado tiempo bailando. Pero que bien me lo he pasado. Que bien me lo tengo que pasar todavía el resto de mi vida...con madrugones o sin ellos. Al fin y al cabo sé que al salir del trabajo siempre habrá alguien con quien ir a tomar unas cañas y echar unos bailes. Aunque luego pierda las llaves, el bolso o la cartera, en vez de un zapato, cuando corra de vuelta a casa.1 de julio de 2008
Cenicienta
Una semana sin salir. Lo más duro es tener que abandonar el Atlántico sin pedirme una copa y antes de que el reloj de la Catedral de las doce...como Cenicienta. Y como Cenicienta vuelve a la realidad a la llegada del baile yo regreso a mi personal vida laboral con la convicción de que he estado demasiado tiempo bailando. Pero que bien me lo he pasado. Que bien me lo tengo que pasar todavía el resto de mi vida...con madrugones o sin ellos. Al fin y al cabo sé que al salir del trabajo siempre habrá alguien con quien ir a tomar unas cañas y echar unos bailes. Aunque luego pierda las llaves, el bolso o la cartera, en vez de un zapato, cuando corra de vuelta a casa.
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