3 de abril de 2009

Disparo-salida

Suena el pistoletazo de salida. Apretamos los dedos contra el suelo, tomamos posiciones, contraemos los músculos y miramos un instante hacia la meta, si podemos distinguirla. Pero llevamos una carga invisible y pesada en nuestra espalda. La lucidez mental no tiene nada que ver aquí. Ni el control físisco. Es solamente el cuerpo a cuerpo. Una nueva batalla que meter en el saco interminable de las batallas y cada guerra en la que luchas se va haciendo más y más grande. Si los relojes todavía fueran de arena veríamos como los granos se van convirtiendo poco a poco en canicas, y las canicas en balones..así hasta hacer estallar en pedazos el cristal. Odio los relojes. También los de arena. A veces estamos tan ansiosos por conseguir llegar a la meta sin derribar un solo obstáculo, que por el camino nos olvidamos del punto de partida.Llevamos tanto tiempo corriendo que ya ni siquiera sabemos hacia dónde queríamos ir cuando sonó aquel disparo. Yo no estoy corriendo, y puede que ni siquiera tenga una meta, eso sería demasiado ambicioso. Pero me voy dejando arrastrar, intentando absorver la energía de los que me rodean, intentando averiguar hacia donde se dirigen sus miradas. Todos tan seguros de sí mismos. Intentando saber si recuerdan aquellas décimas de segundo en las decidieron empezar a correr por algo. Yo no estoy segura. No estoy corriendo. Ni tengo una meta. Y eso es una putada porque ese disparo suena una y otra vez en mi cabeza.

1 comentario:

Maio Salcedo dijo...

Las cosas no son como empiezan sino como acaban, acuerdate de la liebre y la tortuga; pero la ambición en su justa medida no tiene por qué ser mala, como cuando le echas un poco de sal al agua que está al fuego, hierve un poco antes. No se si esto te sirve de algo pero ... te echo de menos. Besitos
P.D: con que estaba loca por Paco, eh? Jejejeje¡