12 de abril de 2009

Domingo


Hay días para todo. Días en los que tienes tantas cosas que decir y que hacer que todas las ideas del mundo se agolpan en tu cabeza hasta transformarse en un pitido cabreado y constante, que te impide hacer y decir cualquier cosa. Y días en los que no tienes nada que decir. Los domingos son raros porque es un día a caballo entre los primeros y los segundos. El límite (conocido)de los pensamientos vagabundos y rescatados del resto de la semana. Podría decir cualquier cosa. Podría hablar de los sueños que se cumplen y de los que no. De las oportunidades que te ofrece de repente la noche del viernes. De las despedidas, del nuevo disco que me compré ayer en el FNAC...pero es domingo. De resurrrección. Y la verdad es que hoy prefiero dejar que el resto del mundo diga lo que tenga que decir por mi. Tengo toda una semana por delante para levantar el culo del sofá y comerme el mundo.

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